quinta-feira, 1 de outubro de 2015

Es terrible vivir con miedo

Via Revista Consciência.net

Rolando Lazarte 

No es necesario vivir con miedo. No es conveniente. Hace mal.

medo

Voy a detenerme sobre la primera de estas afirmaciones. No es necesario vivir con miedo. Es terrible, en realidad. El miedo es una reacción defensiva, puntual. No puede ser la condición permanente de existencia de una persona, familia, sociedad.

Y sin embargo, en nuestros días, parece que es algo ya tenido por natural, vivir con miedo. Todo es peligroso. La otra persona me puede agredir. Puede hacerme algo malo. Tratarme mal. Decirme algo que me lastime. No digo estas cosas porque sí nomás, sino porque creo que es conveniente que pensemos colectivamente qué tipo de vida es ésta.

En tiempos pasados, me acuerdo que uno le tenía miedo a algunas cosas. El miedo de que me acuerdo, era de los militares. Ahora es el miedo a los ladrones, y también a la policía, que nunca se sabe si es confiable o no. Antiguamente, una calle desierta no nos metía miedo.

Uno andaba por caminos desiertos, aún siendo muy joven, y no pasaba nada que nos asustara. ¿Qué sociedad es esta? ¿Qué mundo es éste, en que no podemos salir de casa sino con la impresión de que estamos yendo hacia el peligro? Como mucha gente, vengo prestando atención a las palabras y actos del Papa Francisco.

Esto me estimula a pensar que hay alguien, a nivel mundial, que nos recuerda que es posible aún confiar. Es posible aún, creer que la otra persona puede ser alguien en quien puedo encontrar un amigo o una amiga. Esta es una sensación muy antigua, en mi vida, como creo que en la vida de muchas personas.

Estos días pasados, me he permitido, no sin certa dificultad, inducida por la falta de hábito, volver a confiar en las personas que encuentro en mi vida diaria. Empecé con el peluquero. En vez de tratarlo simplemente como alguien que me iba a cortar el pelo, lo traté como alguien con el cual tengo un cierto grado de amistad, como es cierto.

O sea, en vez de solamente usarlo para que me prestara un servicio, me conecté, me contacté con él. Recordé las cosas que conversamos en este tiempo en que me hice cliente de su salón. Fué muy interesante la experiencia. No actué forzadamente, esto fue lo mejor. Me di cuenta de que estaba actuando como es mi manera más natural de ser.

Una manera, sin embargo, que como digo, por falta de uso, se estaba volvendo obsoleta. Después hice algo parecido cuando fui a que le hicieran la revisión al auto. Me dejé ser. Dejé de tratar de ejecutar un papel de propietario así y asá. Era simplemente yo, la persona que soy, que iba a un lugar donde iban a cuidar del auto. Todo bien.

Fue algo muy interesante, también. La chica que me atendió se llamaba como mi hija más grande, que me acaba de dar un nietito. Esto facilitó las cosas. Pude pasar el tiempo de espera, con menos tensión. Todo esto lo digo porque me parece que podemos volver a tratarnos como personas, más allá de si uno es cliente o propietario o empleado o lo que sea.

Esta mañana me levanté con la sensación de que hay algo nuevo en el aire. Algo primordial, original, muy antiguo. Recordé una película que acostumbraba ver con mis alumnas y alumnos: Blade Runner, el cazador de androides.

En ella, un androide que quería vivir más allá de su plazo de validez, lucha contra Harrison Ford, que es el cazador de androides, encargado de exterminar a los rebeldes que se negaban a morir. Es un deseo muy humano, la inmortalidad. ¿Quién es que no trabaja en esa dirección? El poeta, el artista, los amantes, lo hacen.

El caso es que este androide rebelde, que no quería morir, como ninguno de nosotros quiere morir, pronuncia, en medio de la lucha, al final de la película, esta frase: “Es terrible vivir con miedo.” Es terrible vivir con miedo, verdaderamente. Es como no vivir.

Vivir preso en papeles sociales es terrible. Es como no vivir. Vivir con miedo de salir a la calle es terrible. Vivir tratando a los demás como amenazas potenciales es terrible. Es tiempo de reflexionar si queremos esta semi-vida, o si nos atreveremos a vivir de verdad.

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