sábado, 24 de dezembro de 2011

¿Cuánto cuesta un Senador paraguayo?

Sanguessugado do Darío Vive

Modesto Emilio Guerrero

Un pensamiento binario, simplón y superficial podría llegar a la conclusión de que el Mercosur es una suerte de paradigma comercial “de izquierda”, sólo porque un grupo senadores del Congreso paraguayo, más otros diputados de peso, todos de la más grosera derecha de ese país, mantienen bloqueado el ingreso de la República Bolivariana al bloque comercial del Cono sur. 

Modesto Emilio Guerrero.

Detrás de esta sólida posición adversa al legítimo derecho de Venezuela a pertenecer al bloque comercial sureño, opera una combinación de tres tipos de intereses. El primero es que la derecha paraguaya usa ese voto “internacional” para sumar poder local, en la composición interna de fuerzas contra un Fernando Lugo desvalido por su negativa a construir una base social militante para enfrentar la hegemonía tradicional del Partido Colorado, además del Partido Patria Querida, de la UNACE y de la jefatura del Partido Liberal. La segunda motivación es ideológica: sumar aliento a la demonización internacional del gobierno de Hugo Chávez. El tercer interés es más simple: quieren más dólares.

La prensa continental favorable a ellos suda exultación por lo que llaman “la derrota de Chávez en el Mercosur”. Los twiters y mensajes de páginas web y bloguers lo celebran como si se tratara de una batalla continental de alta densidad ideológica, cuando no es más que una suma de comercios privados y estatales, más otra suma de geopolítica defensiva y el mercado del voto. Evoca la disputa en el Senado brasileño hace dos años y medio, pero al estilo y escala tarifaria de la descompuesta burguesía paraguaya, que siendo débil y mucho más lumpen que la brasileña, decidió cobrar más siendo menos en el bloque y con un significado comercial menor para la economía venezolana.

Paraguay importa desde Venezuela no más que el 5,2% del total importado del mundo, y en equivalencia no le exporta a Venezuela más que el 4,2% del total de sus envíos externos. O sea, nada. ¿Cómo se explica que el precio unitario por voto sea casi el doble, cuando la relación comercial y de inversiones entre Venezuela y Brasil adquirió carácter estratégico desde 1999?

No hay nada de que asombrarse. Esta particular manera de chantajear a Caracas con su voto para el ingreso al Mercosur, es la lógica de conducta de esa clase social en cualquier institución privada o pública del mundo. La “corrupción administrativa” es su producto más popular desde finales del siglo XIX. Más de una década de experiencia periodística en los intersticios del Mercosur me permitió conocer ese modus operandi, como lo cuento en el libro Mercosur: Origen, Evolución y Perspectivas, editado por Vadel Hnos en 2005, en Caracas.

A mediados del año 2010, los jefes de bloques y Comisiones del Senado de Paraguay, habían solicitado al Estado venezolano una suma de 70 mil dólares por voto. Escaló a los 200 mil por cabeza por varias razones. Una fue la reacción por el resultado de las elecciones a la Asamblea Nacional en Venezuela, donde el oficialismo obtuvo más diputados con menos votos que la oposición. No es un capricho que la mayoría de los twiter enviados desde tierra venezolana en apoyo al voto negativo de los senadores paraguayos, tengan aquel extraño resultado legislativo como argumento.

La propia prensa de Paraguay se encargó de develar la cuestión. Este 21 de diciembre, el boletín Somos Mercosur, especializado en el tema, informó sobre algunos de los cocineros que guisaron la coima (mordida, comisión, canongia). Julio Velázquez, un Senador colorado enemigo de Chávez, advirtió con sorprendente seriedad a Juan Carlos Galaverna, otro Senador colorado igualmente enemigo, que debía probar “la existencia de incentivos económicos de unos 200 mil dólares para que el Congreso apoye el ingreso de Venezuela al Mercosur”.

Este lío entre colorados escondía dos realidades: la diferencia entre ambos es de pocentajes y hacerlo público era la mejor manera de presionar por uno más justo; al mismo tiempo fue un ajuste interno de cuentas contra una fracción del Partido Colorado llamada Frente para la Victoria, que hace pocas semanas manifestó intenciones de votar a favor del ingreso de Venezuela.

Así, en medio de este culebrón con invocaciones macondianas, la pregunta que preocupa es esta: ¿Además de los dólares en juego, cuánto y qué de la “revolución bolivariana” costará el ingreso al Mercosur?

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